Un museo sobre ruedas
Más de 150 a¤os de historia. En las inmediaciones del Salto Encantado, la pasión de un camionero por las antiguedades derivó en una intresante iniciativa cultural; el museo Faryluk
Claudio Salvador
Especial para a Folha

Claudio SalvadorGalera
de fines
del siglo
XIX: fabulosos
vehículos
antiguos,
carros y
carruajes
en el
museoEl que había sido su hobbie de camionero lo atrapó definitivamente. Pedro Faryluk muestra con orgullo el resultado de sus muchos aÀos de peregrino de las rutas argentinas.
Su camión no retornaba vacío a casa. Poco a poco, fue recogiendo de diferentes puntos de la Argentina fabulosos vehículos antiguos, carros y carruajes que hoy exhibe en un modesto pero atractivo museo emplazado en su propio hogar, ubicado en la zona rural de la villa Salto Encantado.
Pedro trabaja junto su familia, especialmente asistido por uno de sus pequeÀos hijos que comparte su pasión por las reliquias. Con sus propias manos, restauró cada pieza de su colección.
Aporte culturalEn el kilómetro 1.215 de la ruta nacional 14, a 3.000 metros del acceso al maravilloso Salto Encantado, los Faryluk procuran imponer una versión distinta de turismo educativo.
El aporte cultural es valioso y las curiosidades que allí se observan justifican la visita al municipio misionero de Aristóbulo del Valle, ubicado en la zona centro del Estado, a 240 kilómetros de la Triple Frontera.
Entre los carruajes que se exponen, la pieza más a¤eja es un mateo francés de 1841 y tres ostentosas galeras centenarias.
Como en tantos otros lugares de Misiones, la historia inmigrante ocupa en el museo Faryluk un lugar de privilegio. Las delgadas figuras de diversos carros polacos (eslavos o rusos) se dibujan prominentes en un sector del recinto.
Joyas motorizadasUn poco más allá comienza la galería de automóviles. Predominan los Ford: 1922, 1927, entre otros. Un opulento ‘‘Grahan Paige’’ de 1930 es el preferido de Pedro. Sobre este lujoso carro -tipo cavriolet y de ocho cilindros en línea - más de una vez se ve pasear a los Fariluk por la encantadora villa de la cascada.
Aún queda una sorpresa en otro rincón del museo. Allí se muestran carros funerarios que medio siglo atrás seguramnte encabezaran los cortejos de personalidades de la sociedad argentina.
Volantas, carrozas, galeras y automóviles comparten la sala con herramientas de labranza, ‘‘tocadiscos’’ y otros objetos utilizados por los pioneros.
Fuera de la rutina turística convencional, desde 1995 la colección de un humilde camionero va adquiriendo jerarquía de museo. La suma de sacrificios para gestar este emprendimiento particular está a la vista.

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