Julio Benítez ChapoEl desafío para las máquinas es permanente; equipo de 27 vehículos y ciclomotoresMisiones posee 1,7 millones de hectáreas de selva paranaense. Varias empresas de esa provincia argentina oferecen la alternativa de una de las experiencias más excitantes del turismo verde, el safari ‘‘off road’’ en carros ‘‘cuatro por cuatro’’.
30 de abril. Nos alojamos en una cálida hostería de Puerto Rico para comenzar nuestra aventura. Somos uno más de un equipo de 27 vehículos especiales y ciclomotores: poderosos Land Rover, Nissan, Isuzu, Lada, Grand Cherokee, Toyota, Mitsubischi, Kia, Susuki, Yamaha y Honda son las marcas que acompa¤an el desafio. Nos aguardan tres dias de travesia. Una excursión de 550 kilómetros, 300 de ellos por carreteras selváticas con tramos de enlace asfaltados. Conocer plantaciones de yerba mate, té y esencias, forman parte de la propuesta.
Los guías anuncian una jornada de entrenamiento para ma¤ana. Mas de setenta personas participantes; familias, ni¤os y cronistas especializados.
1º de mayo. Desde bien temprano, las intrépidas máquinas se encaminan hacia el escenario del adientramiento. Hay que poner a prueba la pericia de los pilotos y el espíritu del grupo aventurista.
La belleza del paisaje transporta una energia fantástica. Conocemos la Gruta India y la Cueva del Yguareté y, por la ruta provincial 220 y otros caminos terrados llegamos a la cumbre del Cerro Moreno, desde donde se domina un panorama de cartón postal.
Lingas y malacates ayudan a superar los obstáculos que interpone la selva cerrada. Los caminos cuidadosamente elegidos por los organizadores, no son precisamente de circulación simple. Cada segmento ofrece dificultades insospechadas, barro, arroyos y ríos que debemos badear por sus mismos lechos - desafiando la corriente-, árboles muertos que obstruyen los angostos trillos que deja libres la espesura.
Las advertencias del monte, su incesante provocación, no hace más que incrementar nuestra osadía. El entrenamiento fue superado satisfactoriamente. Ese agitado día nos ense¤o a convivir con la selva y a respetar su bravura.
2 de mayo. Luego de un reparador descanso, buena comida y una minunciosa revisión de los suministros, partimos hacia nuestro ansiado destino, en el municipio de San Pedro, frente al Parque Estadual do Turvo, en Brasil. Allí los dos países comparten otra de las maravillas de la región, los Saltos del Moconá. Los ríos Yabotí y Pepirí Guazú tributan sus aguas a otro curso, el Uruguay, en un majestuso espectáculo natural. Las reservas cobijan ejemplares de pájaro campana y el martín pescador grande, entre otras.
Pero volvamos a nuestra excursión. En caravana llegamos al Salto Encantado en cercanías de la ruta nacional 14. Siguieron la poblaciónes de San Vicente y El Soberbio. En el corazón de la selva está la colonia la Flor; nos recibe una humilde comunidad aborigen mbyá guaraní, la aldea Yeyí del cacique Juvenil. Una pausa y dejamos atrás a los lugare¤os. Con el crepúsculo, la fila de carros ingresa en la barra del Pepirí y se alza el campamento. El tradicioal asado criollo repone las baterías y otorga resto para una travesía nocturna y algún travieso ba¤o a la luza de la luna.
3 de mayo. Con el canto de los gallos, los expedicionarios dejean las barracas y se embarcan en gomones hacia los saltos. En la confluencia, el agua se despe¤a por caprichosas barrancas ante la atónita mirada de los ecoturistas.
El éxtasis es el soberano de un momento mágico, de solidaria camaradería. Un grupo decide hacer ‘‘tracking acuático’’ y el resto festeja con risas la ocurrencia. Ya es la hora de regresar. Los coordinadores nos ofrecen una cena de despedida. Tomamos consciencia, hablamos de nuestro vínculo con la madre naruraleza y de una amistad sellada con el encanto de Misiones.Introducirse en la selva misionera es una experiencia alucinante. Más cuando detrás de la dificultosa travesía se encuentram los Saltos del Moconá. Pero espere, aún no hemos partido y durante el viaje cada instante será sorprendente, definitivamente inolvidable.

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