En una superficie de 22 hectáreas vecinas al Parque Nacional del Yguazú, distribuidos convenientemente en claros abiertos en el verde natural, Guira Oga alberga curiosas especies amenazadas de la avifauna paranaense.
No es un zoológico sino un centro dedicado al rescate y reinserción a su hábitat natural de aves silvestres heridas o recuperadas del cautiverio. El valor didáctico es su mayor atractivo. Silvia Elsegood y Jorge Anfuso son los responsables de esta loable tarea. Ambos acreditan amor y a¤os dedicados al cuidado de los alados y su experiencia con especies rapaces es notable.
En el refugio viven temporalmente distintas águilas del monte, entre ellas, ejemplares de águilas viuda, crestudas negra y real. Entre las rarezas, un muitú - habitante de las selvas en galería - cuya presencia es extra¤amente denunciada en la región. Un guacamayo rojo sobresale entre los loros, ya que su presencia en la región de las Cataratas se extinguió hace casi cien a¤os. El maracaná afeitado es otro de los a¤orados pues dejó de vérselo en los grandes saltos a mediados de la década del 60. Guira Oga ofrece albergue también a ejemplares extra¤os a la selva misionera, como los serviciales halcones peregrinos, entre otros pacientes del matrimonio Anfuso.
Destino de libertad El Ministerio de Ecología misionero colabora con el proyecto. El brasileÀo Wanderley de Moraes, veterinario de Itaipú Binacional, es médico ‘‘ad honorem’’ de los pájaros del Centro. ‘‘Aquí, las aves alojadas escuchan los sonidos de la selva, ambientándose así para su posterior liberación’’, explica Marcelo Almirón, miembro de la Asociación Ornitológica del Plata (AOP), entidad que patrocina el Refugio. Marcelo describe la mística del lugar. ‘‘...Un yacutoro pelea con los boyeros cacique que anidan sobre un pindó, mientras el metálico canto de un pájaro campana (araponga) surge de la floresta cercana provocando la respuesta de un semejante hospedado. Como amigos que visitan a un doliente compaÀero, los macucos silvestres salen de la mata al atardecer atraídos por los silbidos de sus parientes internados...y por las noches, un urutaú anuncia con su melancólico canto que pronto volverá a anidar en las cercanías del taller...’’. ‘‘... En este entorno los hombres han comenzado a abrir las jaulas devolviéndole a la selva parte de lo que le quitaron...una deuda aún pendiente’’, sentencia Marcelo.Claudio SalvadorSilvia
y
Jorge
acreditan
amor y a¤os
dedicados
al cuidado
de los
alados y su
experiencia
con especies
rapaces
es notableClaudio Salvador
Especial para a Folha

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