Quiroga, el escritor de la selva
PUBLICAÇÃO
sexta-feira, 17 de julho de 1998
Claudio Salvador Especial para a FOLHA 
En el paraje Teyú Cuaré, cerca de un pe¤ón que se alza imponente sobre el río Paraná, aún se conserva la casa de uno de los máximos creadores americanos, Horacio Silvestre Quiroga (1878-1937).
Había conocido la comarca jesuítica como fotógrafo de otro escritor - Leopoldo Lugones - y en 1910 dejó Buenos Aires y se mudó a su paraíso, donde con madera noble y ladrillos rústicos edificó un refugio para albergar sus sue¤os aventureros.
El autor de Cuentos de amor de locura y de muerte (1917) y Cuentos de la Selva, aparecido un a¤o más tarde, no vivió toda su vida en Misiones. No obstante, mantuvo con ella una idílica relación que expresó en sus composiciones; muestras elocuentes de un estilo impregnado por la naturaleza y el misterio de la selva y sus habitantes.
Bicicleta insecticida Considerado el Rudyard Kipling del Río de la Plata, Quiroga incursionó en la vida pública como Juez de Paz y oficial del Registro Civil de San Ignacio. Viviendo en este pueblo, no abandonó su pasión por la química y los hallazgos novedosos y desarrolló, entre otros inventos, una bicicleta insecticida. El vehículo estaba dotado de una rueda delantera ancha y plana con la que perseguía y aplastaba las hileras de hormigas que invadían sus cultivos.
Ubicada en una meseta selvática a pocos minutos de automóvil desde las ruinas de la misión jesuítica de San Ignacio Miní, la casa museo de Horacio Quiroga transmite al visitante una curiosa sensación. Miles de sus seguidores concurren anualmente al lugar buscando la fuente de la inspiración del escritor que describió a Misiones como nadie a través de sus fábulas y narraciones.
Una alternativa de turismo cultural que ofrece Misiones. A 250 kilómetros de Foz do Iguaçu. San Ignacio es hoy una próspera y acogedora ciudad de la Ruta 12.


