Prodigiosas máquinas del tiempo
PUBLICAÇÃO
sábado, 10 de janeiro de 1998
Claudio Salvador Especial para a Folha 
Claudio SalvadorEl prodigioso artefacto pesa más de media tonelada y posee 3,10 metros de altura. Pero no son sus dimensiones las que sorprenden, sino su mecanismo, caprichosamente ajustado por su creador hace más de medio siglo. El alemán Emil Bopp llegó a Monte Carlo en 1923, atraído como muchos otros inmigrantes por la propaganda de la colonización. Ya tenía 38 a¤os cuando comenzó con un molino de maíz y un modesto aserradero.
En los ratos libres, su habilidad para reparar máquinas de coser y otros aparatos fue despertándole el interés por la precisión y la mecánica, hasta que afloró su verdadera vocación, la fabricación de relojes. Entre despertadores, cucús y otros diversos modelos, el relojero Bopp produjo más de dos mil piezas que hoy marcan las horas en el mundo entero. El pionero no conoció los límites de su propia imaginación. Lo demuestran dos portentosas máquinas del tiempo, los relojes Belgrano y San Martín, conservados por sus descendientes en la pintoresca Monte Carlo.
Con partes de carros, engranajes y otras curiosidades, el imponente reloj dedicado al Libertador fue creado en 1944. Ayudado por sus amigos Barch y Rosemberg, Emil montó el robusto mecanismo sobre un chasis de automóvil, dentro de una gran caja de cedro.
Sin cuerda ni fuente externa de energía, un juego de pesos sincronizados lo mantiene en régimen desde aquella vez. Día, mes y a¤o están infaliblemente calculados; la pesa mayor tiene 149 kilos y, las que manejan sus vigorosas campanadas, son de casi cien kilos cada una. A propósito, las campanas son tambores de freno de un antiguo auto Ford A.
Homenaje Personas de todo el país llegan a la casa de Emilio Bopp, uno de los nietos del relojero cuya obra rindió homenaje a los máximos próceres de la independencia argentina.
De pié junto al San Martín, Emilio inicia la ceremonia, hablando de las virtudes del histórico reloj. Una secuencia de figuras célebres ligadas a Padre de la Patria - con excepción del viejo Bopp, que reservó su espacio en la galería de personalidades - aparecen minuto a minuto en una vitrina que permite ver el funcionamiento. A pocos centímetros, un cilindro exhibe las máximas de San Martín a su hija y otro celoso mecanismo controla la exactitud de cada movimiento.
En la parte superior, un ventana ubicada al Norte del cuadrante anuncia cada 25 de febrero el nacimiento del Libertador y el aniversario de su muerte, los 17 de agosto. La leyenda aparece a las 0:00 y se pierde luego de 24 horas, hasta el próximo a¤o.
Siglo XXI Todo va cambiando al compás de un enorme péndulo, prolongando la vida del pionero del tiempo, camino al 2000. A la edad de 98 a¤os, Emil murió dejando un singular legado. En el primer segundo del tercer milenio, la vivienda de Bopp no dará abasto.
En ese momento, un dispositivo ubicado en el interior del gigante, detrás del cuadrante mayor que soporta las manecillas, dejará caer un pequeÀo recipiente de hojalata que - según la familia - contiene un desconocido mensaje para las generaciones venideras. Todo está previsto para preservar la intimidad de ese instante, pero la natural curiosidad se reunirá en torno del reloj de Bopp, cuando éste suelte la campanada que pondrá en marcha el siglo XXI.Por las virtudes de su mecanismo, cualquiera podría pensar que se trata de otra maravilla de la moderna tecnología. Sin embargo, el reloj San Martín fue fabricado hace 50 a¤os, en la colonia Monte Carlo. En su interior guarda un desconocido mensaje para el a¤o 2000


