Los guaranís y el cerro de los Dioses
PUBLICAÇÃO
sexta-feira, 03 de julho de 1998
Claudio Salvador Especial para a Folha 
El tercer milenio enfrentará al hombre con sus raíces, marcando un rumbo de regreso hacia una vida más sana y natural. Así lo anuncian los ecologistas, que ven ese signo reflejado en la voluntad mundial de reconstruir el suelo agotado, de preservar la naturaleza y difundir las prácticas orgánicas de producción y consumo de alimentos.
La Constitución Argentina, reformada en 1994, confirmó la preexistencia y los derechos de naciones aborígenes. De esos dictados, poco se ve aún en la realidad de las etnias autóctonas. Nuestra región del Yguazú tiene el privilegio de contar con grupos sobrevivientes del pueblo mbyá. Rumbo al Moconá, Folha visitó la aldea de Její en la selva misionera, poblada por 200 nativos de la gran familia guaraní que alguna vez extendió sus dominios desde el Caribe hasta el Río de la Plata.
El poblado mantiene los rasgos de sus costumbres. Las casas son peque¤as y construidas en tacuara y barro, tan simple y caprichosamente elaboradas como las atractivas artesanías que nos ofrecen, canastos de tacuapí, tallas de yvyrá morotí (palo blanco), alegres collares de semillas, arcos y flechas.
La visita La comunidad recibe con gran afecto a la visita. Juvenil Sosa, el cacique, es el responsable de brindar la bienvenida y el encargado de se¤alar las necesidades de su gente. Viven felices, aunque la floresta devastada ya no provee su sustento tradicional. Ya no tenemos sitios donde pescar y cazar, donde recoger la miel... hasta los frutos de los bosques faltan todos, relata Juvenil.
A pesar de las leyes que ordenan el reintegro de sus tierras, Jeji aún no logró el título de las suyas. Pedimos las tierras para que pueda sobrar un poco para nuestros hijos, para nuestros elegidos nietos, enfatiza el jefe.
Prolijos cultivares de hierbas aromáticas rodean a las viviendas. En la producción de un extracto oleoso de citronela, la comunidad encontró otro recurso de subsistencia.
El cerro de los Dioses Elegidos de ¥amandú (el sol), dios padre, primero y verdadero de la nación guaraní; bellamente adornados por sus deidades providentes, en permanente adoración, los mbyá consideran a la vida como un camino hacia una morada Sin Males, un paraíso llamado en su lengua Yvy marabe-í.
Animados por esa salvaje y bendita espiritualidad, desde el Opy, en el lugar más alto de la aldea, un pueblo diezmado implora por la conservación de los últimos reductos de nuestra selva paranaense.


