La navidad de los argentinos
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sábado, 06 de dezembro de 1997
Claudio Salvador Especial para a Folha 
Claudio SalvadorDesfile de
colectividad
germanaLa Navidad es símbolo de renovación y quizá sin pensarlo, las familias más agnósticas recrean en estas fechas la escenografía del Nacimiento. El arbolito es común a todas las culturas. Su origen es pagano para algunos, aunque otros se¤alan que recuerda a la cruz de Cristo. El árbol navide¤o se arma el 8 de diciembre - día de la Virgen María - y ocupando un privilegiado sector de la vivienda, permanece allí durante un mes, hasta después de la llegada de los Reyes Magos.
Por lo general, una estrella brilla en la cúspide del árbol indicando el camino a los Reyes y, en cada rama. las velas que adornaban los pinos y abetos de la Navidad danesa fueron reemplazadas por coloridas guirnaldas de luces, Al pie del arbolito se disponen los regalos que, de acuerdo a la tradición, sólo pueden ser abiertos luego de las 12:00, cuando nació el Redentor; o el 6 de enero, cuando llegaron los mgos de Oriente.
Ciertamente, el pan dulce proviene de Italia, del pastel milnés conocido como panettone. A pesar del calor, las frutas secas y golosinas no faltan en las fiestas, al igual que el clericó y las bebidas espumantes.
Zapatos y licor. Las prácticas de Reyes Magos están más ligadas a la herencia espaÀola. Sugieren no olvidar la ofrenda de agua y pasto para los esforzados camellos, así como zapatos para los obsequiosos Melchor, Gaspar y Baltazar, a quienes no les sienta mal - de paso - una copita de buen licor. Santa Claus deriva del obispo Nicolás - patrono de los ladrones - y se afirma que su incursión en las navidades fue hace poco más de cien a¤os, como un invento comercial de los neoyorquinos.
Claudio SalvadorBrasil es
recreada
por
estudiantes
El risue¤o viejito pascuero (como lo llaman los chilenos) fue parte del equipaje de los holandeses que emigraron a los Estados Unidos. También de los espaÀoles nos viene el gusto por las loterías y las bromas del 28 de diciembre, día de los Santos Inocentes.
CostumbresLa inmigración en Misiones cumplió cien a¤os. Con el paso del tiempo, las tradiciones se mantuvieron aunque adaptadas al nuevo entorno, por supuesto. La nieve de los diciembres europeos se tornó en salvaje marea verde. Pero no mudó el sentir, la intensa religiosidad de las celebraciones, la misa de medianoche. el misterio de la reconciliación.
Cuentan algunos pioneros teutobasile¤os que en vísperas del 24, al igual que en las Pascuas de Resurrección (cuando venía el conejo), se preparaba un angosto sendero monte adentro. Por la picada, liberada de piedras y raíces, esta vez llegaría Papá Noel, no siempre para entregar obsequios.
Según la creencia austríaca, Santa Claus - acompa¤ado por el diablo - pedía los ni¤os la lista de sus acciones buenas y malas y, según esa lista, el barbado personaje respondía con premios o castigos corporales.
Colonias La riqueza de las celebraciones de anta¤o se fundaba en la reunión familiar. Los viejos colonos de origen germano recuardan las mesas de Nochebuena vacías de dulces y frutos secos, pero pobladas de cantos y oraciones al Cristkind (Jesús Ni¤o).
El pregonero ta¤ido de las campanas dintingue a las festividades suizas. Claro que en la selva, Cristkindli, la radiante angelito de la cultura helvética, debió vestirse en los principios con una corona de hierbas silvestres, iluminada por cuarzos y amatistas. De alguna manera, las madres suizas siempre se arreglaron para cocinar los ringli, rosquillas tradicionales.
El Ni¤o de la selva. De los tantos que había en la imponente selva, cualquier árbol resultaba propicio y, en aquella época, la naturaleza lo adornaba mágicamente con destellos de taca-tacas (vaga-lumes).
Los pioneros , inmigrantes o criollos, vivían un Belén diferente. Tal vez el pesebre sea el aspecto más representativo de los tiempos de la colonización. Cada integrante de la casa aportaba lo suyo, papeles de colores, semillas y ramas de pindó y, a veces, nieve de algodón, hasta que un acogedor portal adquiría la forma adecuada. Allí nacería un Jesús de arcilla o madera, rodeado de personajes modelados con esmero; entibiado por el aliento de bueyes y mulas de carne y hueso.
Sin estruendos ni excesos - con pocas calorías -, sentarse alrededor del pesebre, contemplarlo y esperar la Nochebuena, tenía en la selva, no hace muchos a¤os, sabor a paz y esperanza, cuentan los antiguos habitantes de Misiones.


