La Bonita: desconocida y hermosa
PUBLICAÇÃO
sexta-feira, 19 de junho de 1998
Claudio Salvador Especial para a Folha 
Cuando el rumor de la selva se hace due¤o del paisaje, toda la colonia se arrulla en la música de sus aguas. Dicen que hasta en La Flor, que queda a más de una legua, se escucha de noche el canto de la cascada La Bonita. Desde la ciudad de El Soberbio, fronteriza con el estado sure¤o de Río Grande do Sul, parten las travesías hacia los saltos del Moconá, santuario natural compartido por argentinos y brasile¤os.
A veinte kilómetros del centro, un camino que conduce a El Fisco se abre a la izquierda. Más de media hora de viaje separa a El Soberbio del paraje La Bonita, un lugar de carro y bueyes de paciencia; vertientes serenas de lavanderas de la siesta y miradas curiosas que despiertan las visitas.
Hay que pasar un potrero para poco a poco adentrarse en una densa y húmeda galería vegetal, alfombrada de resbaladizas piedras y helechos arborescentes que presagian una visión salvaje. Doscientos, tal vez trescientos metros de una picada que se despe¤a en el ca¤ón de un salto aún no revelado al turismo comercial.
Al fin, allí está, imponente, tal como nos la habían relatado los lugareÀos. Un velo de agua de 35 metros de altura se vierte con soberbia sobre un grupo de grandes rocas. Abajo, el cauce se abre en una gran piscina natural y fría - helada - y luego se cierne a su claustro, para marcharse a su destino tributario.


