La familia Waidelich dejó Andresito con una misión. Los productores ecológicos de la colonia Almirante necesitaban promover el turismo verde en el centro de mayor importancia turística de Misiones. Así nació la idea de construir ‘‘La Aripuca’’, un trampa vital para quien acepte dejarse atrapar por la majestuosa selva misionera. Una celada salvajemente dispuesta a menos de medio kilómetro del puente que une a Foz con la ciudad argentina de Puerto Iguazú y a 100 metros de la ruta que conduce a la fascinación de las Cataratas.
La Aripuca es una réplica de la trampa de palos que los guaraníes utilizan para cazar aves peque¤as, llamada ‘‘arapuca’’ por los brasile¤os. Claro que esta reproducción cuenta con 15 metros de altura y, cada una de sus 28 piezas - los ‘‘palitos’’ de su estructura - pesan de 20 a 40 toneladas.
Todo el artificio, en posición invertida respecto de la aripuca indígena, está apoyado sobre robustos cepos de tarumá y será cubierto por un techo también artesanal, 17.000 tablillas de madera de timbó ‘‘hechas a mano’’.
Úrsula, la ‘‘hija del medio’’ del matrimonio de Irma y Otto Waidelich, nos explica que el lugar está destinado a convertirse en un complejo agroecoturístico. Las actividades permitirán conocer las maderas autóctonas y su valor comercial, mediante un programa didáctico orientado a cultivar la conciencia ambiental de los visitantes.
Ula relata que los rollos, cada uno de una especie distinta, fueron recuperados de los desmontes; árboles derrumbados o secos que fueron transportados desde remotos puntos de Misiones hasta Iguazú. ‘‘Quien los vea aquí inertes, querrá conocerlos en la selva y, entonces - sostiene entusiasmada - lo llevaremos hasta all풒.
El sue¤o del árbol propio El proyecto contempla la instalación de un restaurante que sólo expenderá productos ecológicos, elaborados en las colonias agrícolas.
‘‘La ley es la producción orgánica’’, advierte Sonia - la mayor de las hermanas - quien además anuncia que La Aripuca será sede de muestras fotográficas, filmes documentales, herbarios y de todo aquello que ense¤e al visitante a querer y valorar la riqueza natural de la floresta paranaense.
Contará también con una agencia de turismo habilitada para la organización de travesías y visitas a las fincas agroecológicas de Andresito, comarca de los Waidelich.
Otto, el patrón de la idea, agrega que existen predios disponibles en todo el Estado, para que el turista pueda plantar, adoptar o adquirir un árbol nativo. De esta manera, además de conservar ejemplares valiosos en su medio natural, se pondrá en marcha un novedoso método de reforestación en todo el territorio misionero.

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