Los pueblos fronterizos vienen integrándose desde siempre. Como pájaros en el aire, las costumbres y los apellidos no conocieron límites territoriales para poblar la región que comprende al sur brasile¤o, el oriente paraguayo y del nordeste argentino, en especial, la provincia de Misiones.
En una situación geopolítica única, en el ‘‘corazón verde del Mercosur’’, Misiones comparte 1.267 kilómetros de frontera con estos países vecinos. Abrazada en más de un 90 por ciento de su superficie por Brasil y Paraguay, la peque¤a provincia mesopotámica de 30.000 kilómetros cuadrados, limita con tres estados brasileÀos - Río Grande do Sul, Santa Catarina y Paraná - y dos departamentos paraguayos, Itapúa y Alto Paraná.
Los ríos Uruguay, Pepirí, San Antonio e Iguazú se¤alan la divisa con Brasil. El gran río Paraná, en la margen occidental del territorio, divide a la Argentina con la nación guaraní. Cabe a los ríos, especialmente al Uruguay (en guaraní, río de los caracoles o de los pájaros) y al Paraná (‘‘que va hacia el mar’’), el carácter de grandes vectores de la cultura regional.
Históricamente, fueron esas vías navegables las que transportaron, llevadas en vapores y jangadas, la música, las costumbres y los acentos gringos que nutrieron la acrisolada identidad regional.
Relación activa Los pueblos fronterizos comparten además importantes intereses comerciales. La yerba mate y la madera son denominadores económicos comunes del enclave. En Misiones, las culturas del té y el tabaco alcanzan repercusión mundial, así como el turismo comienza a surgir como alternativa en distintos puntos de su bella geografía.
Además de las Cataratas del Iguazú y las Ruinas de San Ignacio, el desarrollo sustentable del turismo ecológico en el territorio verde, en cooperación con la República de Costa Rica, abriría un nueva ventana para el sector empresario.
Mientras el Nuevo Mundo se empe¤a por ordenarse detrás de la llamada ‘‘globalización’’, cada vez se hace más incomprensible la existencia de comunidades aisladas y, sin embargo, aledaÀas, vecinas y, desde siempre, unidas por un perfil cultural indiscutiblemente compartido.
El Mercosur es una herramienta para la convivencia integral, pero ofrece mecanismos aún desconocidos por los sectores económicos responsables de la dinámica fronteriza. Nos unen los ríos, el ‘‘portu¤ol’’ de las fronteras, la música, los hábitos, la literatura y las creencias populares. Sólo resta que quienes fijan las políticas de integración fronteriza se den una vuelta por aquí.

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