Sorprendido, el sagrado astro creyó ver en las pompas de las fabulosas ‘‘4 X 4’’ el impío acero del conquistador, su profunda herida abierta en el costado izquierdo del pecho de América Latina.
Pero esta vez la Luna se equivocó, porque estos caballos de acero venían a rendirle reverencia al recuerdo imborrable de la civilización incaica. Y sus jinetes eran, en realidad, conquistadores de la aventura de ascender hasta la cima del mundo precolombino, donde alguna vez existió el más avanzado de los pueblos originales de las Indias Occidentales.
Nos vamos a Macchu Pichu . Mil litros de agua mineral, herramientas, teléfono celular, botiquín, mapas de ruta, todo estuvo previsto por los coordinadores. ‘‘Nos vamos a Macchu Pichu’’. La consigna fue suficiente para atraer a los aventuristas. Iban a surcar cuatro países, cerca de siete mil kilómetros en catorce días fuertes, como a ellos les provoca. Las 28 personas debían prepararse para ascender hasta los 5.000 m.s.n.m.; soportar calores de 48 grados y hasta nevadas en la cordillera; afrontar caminos complejos e insospechados, sobrellevando la paulatina influencia de los vahídos y desarreglos propios del ‘‘mal de la puna’’.
Chaco Paraguayo Por sobre todo estaba el espíritu aventurero, la magia de descubrir el paisaje. Posadas, Asunción, Mariscal Estigarribia. Luego de conocer las colonias menonitas de Filadelfia, introducirse en un mar de 450 kilómetros de polvo y desierto. ‘‘Seis horas de soledad, arena y pozos de barro con segmentos de huellas de hasta 50 centímetros de profundidad’’, puntualiza Julio Benítez Chapo, organizador y líder de la travesía. ‘‘Las camionetas transitaban a más de un kilómetro de distancia una de la otra; la nube de polvo cegaba a los conductores. Amanecimos en Fortín Nueva Asunción, en la frontera con Bolivia. Allí están los cementerios de la Guerra del Chaco’’, acota el expedicionario misionero.
DivulgaciónLago Titicaca (arriba a la izq.) y Salar de Uyumi: un silencio que sólo quebró el rugir de los acorazadosFortín Martillo, Camiri, Santa Cruz de la Sierra, Cochabamba y el salar de Uyumi, ‘‘el más grande del mundo’’. Bolivia, como la rosa de los vientos, los atrapó en experiencias que oscilaron entre páramos interminables y comunidades cosmopolitas; escenarios donde la historia y la cultura contrastan con un vacío que se entremezcla en los arenosos recodos del camino.
En ciertos lugares, ‘‘parecía que estábamos en el medio de la nada’’, afirma Julio. ‘‘Por momentos, tardábamos una hora en desandar 25 kilómetros, nos ganaba el cansancio y la influencia de la altura se hacía sentir implacable’’, describe. ‘‘En Cabezas - subraya como anécdota - sólo existe un puente ferroviario sobre el Río Grande y, por allí (suspira) debimos cruzar uno a uno los vehículos’’.
La ruta incaica ‘‘La ruta incaica supera todo lo previsto’’, se¤ala Julio al referirse al itinerario elegido. En sus ojos se traduce el azul intenso del Lago Titicaca, al que cruzaron en balsa por el estrecho de Tiquina - una camioneta por turno - luego de recrear el paladar con las sabrosas truchas de sus aguas. Allí está Copacabana, frente a las islas del Sol y de la Luna, lugar donde las tradiciones indican que comenzó la civilización precolombina. Más allá, Puno y las islas flotantes de la tribu de los uros.
Pasando por un altiplano de 4.700 metros, el Abra de la Raya con sus infinitas tonalidades del ocre que tiÀen el pensamiento de nostalgias, el portal que custodia la Ciudad Imperial sorprende a la caravana. Llegando a Urcos, una sensación de gloria se apodera de los embarcados, la cúspide de sus sue¤os se alza sobre sus ojos, hecha realidad.
La Ciudad Imperial Cada rincón de Cuzco guarda mensajes de remotos tiempos amerindios. Las poderosas máquinas de la travesía llegaron a través de callejuelas hasta la misma plaza central, balcones de madera labrados cuelgan de muros de piedra milenarios, donde aún parecen resonar los clamores del inca mártir Tupac Amaru. La senda ‘‘de la amargura’’, ‘‘Tambo de mortero’’, ‘‘Tequsiqocha’’, ‘‘Saxihuaman’’ y el Valle Sagrado y el ascenso al majestuoso Macchu Pichu - la meca de la travesía - forman parte de una misma excelsa experiencia, imposible de fragmentar en la emoción colectiva del grupo.
Serviço: Avenrturismo Misiones organiza travesías ‘‘off road’’ desde Misiones a Iberá, Moconá, Gramado y Macchu Pichu, entre otros destinos.
(0054) 743 - 20335. A partir del 24/1/99, (0054) 3743 - 420335.DivulgaciónMachu Picchu: misterio de una civilización que quedó oculta hasta 1911Claudio Salvador
Especial para a Folha

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